Divide y
vencerás
Rafael Aréstegui Ruiz
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El maestro Aréstegui. |
Esta
frase, atribuida a Julio César por algunos autores, o a Nicolás Maquiavelo por
otros, aunque en realidad él dice: “Divide y reinarás”, pero en esencia tiene
el mismo sentido, es una expresión muy clara de estrategia política que permite
a un poder dominar sobre otro, aun cuando el otro sea mayoría. Ejemplos en la
historia los vemos en todas las guerras, la Conquista de México es uno de ellos,
y a lo largo de nuestra historia esa ha sido la constante del Estado hacia los
movimientos sociales.
Las
acciones para dividir pueden ser varias: la provocación, infiltrando agentes
que provocan acciones que restan simpatías al movimiento al radicalizarlo en
acciones y no en propuestas; la compra de dirigentes para inclinarlos hacia las
posiciones del gobierno; y la clase política en México ha encontrado una muy
sutil pero que en esta elección le dio claros dividendos, dispersar a la
oposición, aprovechando el interés que tienen los partidos por alcanzar
prerrogativas que les proporciona el registro, ya que a mayor votación mayores
prerrogativas.
Sin
embargo, no se debe perder de vista que faltando 7% de casillas por contar, el
abstencionismo es de 53% y el voto nulo de 5%; es decir, votación efectiva de
42%, significa que en realidad los partidos tuvieron en votos efectivos: PAN 9%,
PRI 14%, PRD 5%, VERDE 3.5%, MC 2.5%, NA 1.5%, Morena 4% y ES 1.5. El resto de
los partidos pierden el registro y sus votos engordarán la bolsa del reparto a
los que lo conserven.
El
escenario nacional que se percibe terminada la coyuntura electoral, es el de un
sistema electoral sin credibilidad en la mayoría de la población, una minoría
decidiendo reformas que afectan a toda la nación y una mayoría pasiva, un
movimiento social contestatario, desarticulado y dividido por liderazgos
locales, a veces fácilmente susceptibles de ser cooptados y sin que alcancen a
cohesionar con propuestas atractivas para todos los excluidos por el modelo
neoliberal oligarca.
Partidos
que programáticamente se reclaman de izquierda, pero que su propuesta no
trasciende el nacionalismo revolucionario y distanciados del movimiento social.
Los pueblos indígenas no se encuentran representados en estos partidos y son
quienes enfrentan el despojo de sus territorios, concesionados a las empresas
mineras en una proporción escandalosa de un total del 48% de la superficie
nacional. Un sector de campesinos jornaleros en condiciones laborales peores
que en la época del porfiriato. El sector magisterial golpeado por una reforma
laboral administrativa anunciada como educativa, pero que en realidad su único
propósito es quitar el control de las plazas al sindicato y ponerlo en manos de
la burocracia.
En
Guerrero el regreso del PRI se debe a la participación unificada de sus
caciques, las carretadas de recursos para la compra de votos, sumado a ellos
para garantizar su impunidad, la fuerza del aguirrismo y el pragmatismo de
aquellos que perdieron de vista que lo que está en juego es el destino de la nación. Recuperar al estado de Guerrero
era vital para la estrategia de Peña Nieto; se arrebata con ello a la mayoría
de los diputados federales, disminuyendo con ello la fuerza del PRD en la
Cámara de Diputados.
La
coyuntura no le fue del todo favorable al PRI, su socio el Verde crece a costa
de ellos. El principal ganador es MORENA, a costa del PRD, y lamentablemente
inicia AMLO con un discurso soberbio y excluyente hacia los otros partidos.
Ahora
se debe pensar en el período, los rasgos esenciales del mismo no se modifican,
la presencia del crimen organizado se hizo patente apoyando al tricolor, la
criminalización de la protesta muestra su rostro en Tlapa y Tixtla, se avecina
una ofensiva autoritaria para reforzar las reformas. La izquierda electoral
debe mirar hacia el movimiento social, el PRD correrse a la izquierda, MORENA
dejar a un lado su sectarismo.
A
unos días de que los poderes fácticos excluyeron a Carmen Aristegui de los
medios, AMLO hizo la propuesta de Carmen para la presidencia. La propuesta
generó revuelo en los medios intelectuales y de los luchadores sociales. Si
AMLO sostiene su palabra, esa candidatura podría construir una correlación de
fuerzas que trascendiera a ese 28% que el día de hoy suman las izquierdas y un
sector muy importante de la población, que hoy se abstiene, le vería sentido a
participar en elecciones para cambiar el rumbo del país.
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