Epístolas Surianas
(Carta a Don Héctor)
De Julio Ayala Carlos
![]() |
El autor. |
AL FINAL, PARA BIEN de los
tixtlecos, la elección extraordinaria que este domingo se llevó a cabo en ese
municipio, se realizó en calma, solo perturbada por seudo observadores
electorales, algunos venidos de la capital del país, quienes creen que nos
vienen a enseñar. Por lo demás, ni siquiera los cetegistas más radicales,
asesorados por algunos de Tlachinollan, se atrevieron a boicotear la jornada
electoral como lo hicieron el 7 de junio pasado.
Y qué bueno que así haya
ocurrido, porque al realizarse las elecciones en paz, los tixtlecos eligieron
libremente a quienes serán sus autoridades, a las que ya en el cargo podrán
exigirle que atiende y resuelva sus demandas, y por supuesto, que cumpla sus
compromisos de campaña, pues el Concejo Municipal que actualmente existe en
Tixtla, por más y que esté integrado de manera plural, no los representa, en
razón de que no fue elegido por ellos.
Sí. Qué bueno que los
tixtlecos salieron a votar, con todo y que el ambiente de inseguridad y
violencia se incrementó con la muerte de cuatro policías comunitarios, culpando
de ello al gobierno del estado, como si éste también tenga la obligación de
cuidarlos, pues entonces qué clase de policías son que ni siquiera pueden cuidarse
ellos mismos?
Y eso de que la ejecución de
los cuatro comunitarios es una acción de “contra insurgencia”, como la que se
aplicó en Colombia, ciertamente es una soberana jalada, producto de quienes se
quedaron en el pasado, y de tanto fumar
marihuana. Carajo!
Claro. Cada quien puede vivir
como quiera, y fumarse toda la marihuana que le plazca, con todo y que aún está
prohibido su uso. Sin embargo creo que nadie tiene derecho a perturbar la
frágil paz pública que aún tenemos, nada más por sentirse guerrilleritos de
papel Pipsa, o por acusar nada más porque sí, con el fin de saciar apetitos
perversos.
EN OTRO ASUNTO, más allá de
que eres el mero mero, sé que es tu amigo, y de doble raya, el rector de la
UAGro, Javier Saldaña Almazán, quien dicho sea de paso está poniendo su mejor
esfuerzo a fin de colocar a nuestra máxima casa de estudios dentro de las
mejores del país, no sólo en cuanto a nivel académico e investigación, sino
también en el manejo del presupuesto y prácticas administrativas.
El caso es que mientras
Saldaña Almazán hace una cosa, su gente hace otra. Y es que resulta que la
semana pasada ocurrió un hecho por demás reprobable, a consecuencia de una
agria discusión en la Dirección de Adquisiciones de la UAGro, cuando la encargada del área, Iolinda
Mendoza Salado, prácticamente corrió a cinco proveedores y tres personas más
que solicitaban información para participar en las próximas licitaciones de la
máxima casa de estudios del estado.
El acto bochornoso fue
denunciado por los propios afectados, que dijeron que no es la primera vez que
la tal Mendoza Salado, actúa con aires de perdona vidas y prepotencia, quien
lejos de conducirse con respeto, no acata las instrucciones que le gira el
rector Javier Saldaña, argumentando que ella como encargada es quien determina
la política de asignación de las licitaciones.
Por supuesto que este tipo de
actitudes en nada le ayuda a la imagen de la UAGro, pese a los esfuerzos que
también realiza la mayoría de los universitarios, ya que hay denuncias de que la
funcionaria en cuestión favorece con las compras que hace la Universidad a
ciertos proveedores y amigos, a quienes da trato preferencial.
Jajá. No nos extrañaría que al
rato Mendoza Salado nos saliera con que es toda una empresaria, y sea quien le
surta todo lo que compra la UAGro, como por cierto ocurre con no pocos
presidentes municipales, diputados y secretarios de despacho del gobierno
estatal, quienes después de no tener en qué caerse muertos, son prominentes
proveedores, constructores y hasta banqueros.
Así que aprovecho esta vía
para que el rector Javier Saldaña Almazán se dé cuenta de lo que están haciendo
los que supongo son sus hombres de confianza, claro, sin su conocimiento. Digo,
para que le amarre las manos.
POR ÚLTIMO. Lo de Ambrocio
Soto Duarte, alcalde Pungabarato, más conocido como Ciudad Altamirano, no es
más que una jalada su presunta renuncia al cargo de presidente municipal,
primero porque los cargos de elección popular son irrenunciables, y segundo, porque
en vez de ponerla consideración del Congreso, lo hizo ante la dirigencia
nacional de su partido, el PRD, cuando debió presentar su licencia, de ser
cierto lo que dice, ante el Poder Legislativo, y por supuesto, ante los
habitantes del municipio que, dicen, mal gobierna.
Comentarios.
Julio651220@hotmail.com
No hay comentarios.:
Publicar un comentario